
Son 11 conductores. El mayor tiene 51 años (el líder) y el menor, 34. Desde guaguas, aman conducir y, actualmente, son los monitores que enseñan a manejar los biarticulados (‘bilangarotes’).
No lo niegan, con solo mirar esas enormes unidades, de 27 metros de largo, el temor les inundó, pero una vez “cogido el tino”, no hay de qué temblar. Así se expresan los replicadores de conocimientos a los 600 conductores de la Empresa Pública Metropolitana de Transporte.
Tienen full experiencia. Ernesto Galláraga (de 51 años y oriundo de Quito), el instructor del grupo de 10 monitores, dice que para estar dentro de ese equipo sirvió “ser cumplido, hacer bien las cosas y tener limpia la hoja de vida”.
Desde el 6 julio están entregados a la capacitación y actualmente ya están listitos 260 choferes; las clases teóricas las recibieron en la estación multimodal de El Labrador. Y en lo que siempre insisten es que pongan los cinco sentidos en la manejada y si tiene un sexto mejor, comenta Edwin Delgado (46 años, de Tanicuchí).
Aunque para Iván Moreano (42 años, de Riobamba) también es importante enseñar a sus compañeros (alumnos) la necesidad de tratar bien al usuario. Igual opinión tiene Edmundo Ortega (43 años, de Quito).
Cuando le tocó manejar al biarticulado, Fernando Cadena (43 años, de Machachi) sudaba, pero con tres pasadas por el Centro Histórico dominó a la máquina.
Ese miedo aún lo recuerda Walter Aldaz (39 años, de Riobamba). Él salió, junto con su ‘pana’ Edwin, a conducir los enormes buses por el Centro. La gente lo miraba con admiración.
Para manejar esas unidades hay que armarse de paciencia, agregan José Bastidas (50 años, de Mulaló) y Renán Quijiji (45 años, de Portoviejo), pues es la madre de todas las virtudes.
Rosa Sangoluisa (43 años, de Quito) y Adriana Villacís (38 años, de Latacunga) son las dos mujeres del grupo. Ellas aman lo que hacen y eso les permite estar siempre con buen humor.
La quiteña trata de no golpear al usuario con algún frenazo y saludar todo el tiempo. Y la latacungueña, en cambio, se comunica sin miedo con los gringos, está filita con el inglés.
El más guagüito del grupo es Julio Tufiño (34 años, de Quito) y justamente él tuvo el privilegio de ser el primero en hacer las pruebas por el Centro Histórico para ver si pasaba o no pasada el ‘bilangarote’. Y se llenó de emoción cuando paso nomás, suavito.
